Bitcoin nació regulado: La historia de una revolución que no precisa gobiernos

Autor Por Redacción Cripto247
Bitcoin nació regulado: La historia de una revolución que no precisa gobiernos

Un repaso por los principios de la criptomoneda más conocida

Prescindir del rol de los gobiernos en relación con el dinero es una fantasía, dice un reciente artículo de Martin Wolf, jefe de economía en el Financial Times. La nota de opinión, replicada por El Cronista bajo el título “Fantasías libertarias de las criptomonedas”, sostiene que el dinero digital requiere de una estricta regulación para que de esta manera se proteja a los ciudadanos de los “bandidos” que existen en un supuesto mundo anarquista, libertario, en donde, según él, conviven hoy las criptomonedas.

Lo irónico es que Bitcoin, antes de ser la primera y más conocida criptomoneda, es una plataforma de confianza. Bitcoin presenta una red en la cual podés usar y transferir valor en forma de monedas virtuales en una plataforma sin ningún tipo de control estatal, en un sistema completamente descentralizado. Bitcoin es la internet del dinero. Tiene una oferta limitada, anti-inflacionaria, y su emisión es completamente predecible.

Si el gobierno regula, controla y supervisa al bitcoin, caemos en el espiral de, ¿y ahora, quién controla a los controladores? Por primera vez, la criptomoneda más conocida termina con el favoritismo, el nepotismo o la parcialidad propio de los sistemas centralizados.

¿Y que es el dinero? Como lo explica Andreas Antonopoulos, conferencista y educador pionero de Bitcoin, el dinero es un lenguaje. A través del dinero comunicamos qué cosa tiene valor para nosotros (teoría subjetiva del valor). Nos permite expresar el valor de algo. Este es el primer sistema monetario que no está supervisado, controlado, vigilado ni censurado por ninguna entidad.

¿Creen que bitcoin fue bienvenido por todos? Para nada. Tal como sucedió cuando las personas comenzaron a recibir un papel que certificaba que tenía X onzas de oro en el banco. Para esas personas, ese papel no valía nada, ellos querían su oro físico. Lo mismo sucedió al principio con las primeras tarjetas de crédito. Este es un nuevo punto de inflexión ya que estamos hablando de un nuevo tipo de dinero. Aplicar normas de un sistema bancario tradicional a bitcoin es no entender este nuevo concepto, esta nueva tecnología, este nuevo tipo de dinero digital.

Los primeros automóviles tenían como volante dos palancas que simulaban las riendas de un caballo. Hoy tenemos volantes cada vez más sofisticados. Bitcoin es la primera forma de dinero global, sin fronteras, descentralizada, y abierta.

Bitcoin ya tiene reglas. Y son matemáticas. Antonopoulos lo anticipó: “Bitcoin no está desregulado. Está regulado por un algoritmo en lugar de estar regulado por burocracias gubernamentales. Incorrupto”.

Y como es dinero programable, se pueden crear aplicaciones sobre su red. Bitcoin no necesita el permiso de nadie para crear aplicaciones sobre ese software porque es de código abierto. Las criptomonedas son solo la punta del iceberg de la tecnología. Bitcoin no requiere, no espera, no mendiga, no especula con ser regulado. Blockchain y bitcoin no solo no reconocen fronteras, no reconocen personas y menos entidades gubernamentales.

Cualquiera que haya intentado realizar una transferencia internacional a través de una entidad financiera tradicional sabrá lo costoso de la operación. Además, debe hacerse en horario bancario y para ello hay que presentar miles de formularios (antes, por supuesto, hay que tener una cuenta bancaria abierta). Con bitcoin, uno puede realizar una transferencia en segundos a cualquier parte del mundo pagando muy, muy poco y sobretodo, sin necesidad de intermediarios.

Actualmente es verdad que el bitcoin aún no funciona como unidad de cuenta, y puede ser que aún los precios no se colocan en BTC (salvo contra otras altcoins), pero es cuestión de conversar con un venezolano para que cuente cómo el mercado de bitcoin se está utilizando como referencia para colocar el precio del dólar en bolívares, dada la continua depreciación de la moneda nacional.

Hoy hay más de 1.800 criptomonedas que usan el patrón del código de Bitcoin para otros usos. La mayoría son basura y no valen nada ni tienen un uso que realmente la gente lo aprecia.

Pero algunas como Ethereum, EOS, etcétera, son interesantes porque suman valor permitiendo la programación de contratos inteligentes.

En los próximos 10 años vamos a ver decenas de miles de criptomonedas creadas en distintas partes del mundo. Algunas tendrán objetivos monetarios, otras servirán como forma de fidelización de algunas empresas. O también podrán representar ítems del mundo físico, por ejemplo, el título de propiedad de una casa, el control de la llave de una moto que puede transferirse de un dueño a otro en segundos, y muchas otras otras que hoy no nos podemos ni imaginar. (Como tampoco nos imaginábamos las redes sociales en los comienzos de internet).

Para muchos sectores esto es preocupante. Imaginense el sector bancario, que no se lo conoce por ser justamente de las industrias que más hayan innovado en los últimos años.

Con bitcoin la persona controla su plata. Tiene completo control sobre sus bitcoins. Nadie se lo puede confiscar, nadie puede bloquear su cuenta con sus bitcoins (tampoco si esa persona es Snowden), nadie puede interceptar sus transacciones. Y la persona lo puede hacer con casi total anonimato. Al abrirse una billetera virtual para almacenar criptomonedas, una persona puede, desde su celular en una playa caribeña enviarle dinero a otra que se encuentra en los salares bolivianos, en segundos.

Ni hablar de las instituciones que nacieron para defender a los poseedores de bitcoin. Hoy existen distintos tipos de billeteras cripto, unas online, otras offline (desconectadas de internet e imposibles de ser hackeadas), existen ONGs que se dedican a educar y a realizar proyectos sociales y empresas que ofrecen consultoría y asesoramiento para invertir.

Imaginense el uso que le pueden dar los miles de millones en el mundo que están hoy desbancarizados. Cuando llevas la moneda digital a cuatro mil millones de personas en el mundo que están hoy aisladas del comercio y de las finanzas internacionales le das la oportunidad de particpar en la economía global. Estar en el mundo. Y protegerse de gobierno tiránicos y bancos corruptos. Le das la oportunidad de controlar su futuro, de transaccionar con cualquier persona o empresa en el mundo.

Como toda industria incipiente, ya se crearon instituciones que custodian el dinero digital de la gente. Es importante entender que, a lo largo de la historia, hemos visto que cuando alguien tiene la custodia de tu plata, existe la posibilidad de que se vayan corriendo con ella. A pesar de que existe actualmente un sistema de regulaciones en el mundo pensado exclusivamente para prevenir esto, las confiscaciones, robos, suceden seguido en los fondos de inversión, en los bancos, en las monedas nacionales y también en los exchanges cripto. Los argentinos y los venezolanos lo sabemos de memoria.

La respuesta, creo, es muy sencilla: hay que darnos tiempo para entender la naturaleza del dinero digital. No hay que centralizar una moneda descentralizada. Hay que parar de replicar el sistema bancario tradicional en el futuro del dinero.

De esta manera, si algún ser maligno quiere hackear un millón de tenedores de bitcoin tendrá que hackear un millón de cuentas privadas. Bitcoin no fue hackeado nunca, simplemente porque no tiene un punto de control, es completamente descentralizado.

Sobre la regulación y el rol del banco central en las monedas digitales, Antonopoulos precisó: “Le diría al Banco Central gracias por su servicio. Ya probamos la regulación a través del comité. Sus servicios ya no son necesarios. Ahora tenemos regulación por matemática y creemos que es mejor. Algunas personas no estarán de acuerdo con esa afirmación y eso es bueno, aún pueden usar el dinero que está regulado por el comité (del Banco Central) y otras personas usarán el dinero que está regulado por las matemáticas. No pueden evitar que lo hagan. Así que ambos existirán simultáneamente”.

El peso, el bolívar, el euro ahora tienen competencia. “Y en esa competencia no pueden obligar a las personas a usar solo su producto. Como resultado, algunas personas elegirán usar otra cosa y, si es mejor, la usarán y, si no, no”, añadió el conferencista.

En su libro, La Guía de Bitcoin, Ian DeMartino explica que el objetivo primario de todas las monedas digitales, incluido bitcoin, es hacer de manera segura una transacción.

“No tiene mucho sentido una moneda digital si se puede replicar o gastar en dos lugares a la vez o cualquier otra cosa que permita a alguien gastar más de lo que legítimamente posee. Para que una moneda digital funcione, las personas deben tener fe en su valor, y no lo harán si tiene fallas de seguridad”, sostuvo el escritor.

Saifedean Ammous, en el libro The Bitcoin Standard, dice: “A medida que la era digital ha introducido mejoras y eficiencias en la mayoría de los aspectos de la vida, Bitcoin presenta un gran avance tecnológico en la solución monetaria al problema del intercambio indirecto, tal vez tan importante como (…) la sal al oro y a la plata”.

En su artículo publicado en el FT, Wolf sostiene que los Estados existen para proporcionar bienes públicos esenciales. Y, explica, el dinero es un bien público por excelencia. Contrariamente a lo que sostienen los keynesianos y los monetaristas, la escuela austriaca sostiene que el dinero emerge en los mercados; para Mises, la ausencia del control gubernamental es una condición necesaria para que una moneda sea solvente.

Ralph Merkle, el creador de la estructura del Merkle tree, dijo “bitcoin vive porque si alguna de las copias es corrompida es dejada de lado, rápidamente y sin ningún problema. Bitcoin vive porque es transparente: cualquiera puede ver su código y ver exactamente lo que hace”.

El ensayista y financiero Nassim Nicholas Taleb sostiene que bitcoin es una moneda sin gobierno, tal como lo es el oro, la plata u otros metales. Pero, en estos casos son los bancos quienes controlan la custodia de dichos bienes y son los gobiernos los que controlan los bancos. Bitcoin, para el caso, no necesita de ningún ente que lo custodie, por lo tanto ya cuenta con una amplia ventaja.

“Bitcoin puede fallar; pero luego se reinventará rápidamente, ahora sabemos cómo funciona. En su estado actual, puede que no sea conveniente para las transacciones, no es lo suficientemente bueno como para comprar su macchiato de expreso descafeinado en su cadena de café favorita. Puede ser demasiado volátil para ser una moneda, por ahora. Pero es la primera moneda orgánica”, indicó.

Y concluyó: “Pero su mera existencia es una política de seguro que recordará a los gobiernos que el último objeto que el establecimiento podría controlar, a saber, la moneda, ya no es un monopolio. Esto nos da a nosotros, la gente de a pie, una póliza de seguro contra un futuro orwelliano”.

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