Opinión 07/11/2022 - 11:08

El Reloj Bitcoin

Autor Por Rodrigo Benadon
El Reloj Bitcoin
Salvador Dalí, “Persistence of Memory,” 1931, oil on canvas, Museum of Modern Art, NY.

El Reloj Bitcoin
El nuevo latido del mundo

 

Tuve la idea de que Bitcoin es un reloj gigante que avanza cada 10 minutos.

Tuve un segundo pensamiento, que el reloj Bitcoin no sólo marca la hora. Es un pulso expresivo y no un metrónomo estéril. Mantiene su ritmo ajustando la dificultad de un rompecabezas computacional muy intenso.

El pulso Bitcoin late por sus propios medios. No puede ser forzado; se autorregula, como los sistemas biológicos cuando están estresados.

La tercera idea fue que cada latido, uno cada 10 minutos, contiene información sobre el valor, el comercio y la veracidad de esa información. Bitcoin es tanto los latidos del corazón como la sangre de un sistema transaccional de confianza que bombea valor.

Sincronizando nuestros relojes

Al principio, el hombre se dio cuenta de que el mundo estaba en movimiento. Las cosas en el cielo se movían y, con el tiempo, descubrimos dónde y cuándo estábamos sucediendo. El movimiento implicaba tiempo, y el tiempo era algo complicado.

Hasta hace muy poco, los humanos teníamos que descubrir independientemente cómo poner  nuestros relojes en hora. La mayoría de la gente podía identificar el mediodía solar local, pero eso sucedía antes o después en diferentes lugares. Usábamos artilugios como campanas de iglesia y torres con relojes para sincronizar el horario a corta distancia. Sin embargo, calcular el horario de llegada de un tren de larga distancia, por ejemplo, requería de una solución más sofisticada.

En la década de 1840, se hizo posible transmitir la hora por telégrafo para sincronizar los relojes con otros pueblos. En la década de 1900, desarrollamos la transmisión de marcadores horarios por ondas de radio (inalámbricas). La Hora del Meridiano de Greenwich (GMT) se estableció en el Reino Unido sentando las bases para un estándar de tiempo global preciso llamado Hora Universal Coordinada (UTC) que hasta el día de hoy regula la hora y las zonas horarias en todo el mundo desde 1960.

Finalmente, en la década de 1980, se desarrolló el Protocolo de Tiempo de Red (NTP) que permitió a las computadoras sincronizar el tiempo a través de Internet.

Es simplemente tictac, tictac, tictac… El reloj es aburrido.

Las herramientas se volvieron más sofisticadas: relojes atómicos, satélites y telecomunicaciones de alta velocidad nos permitieron saber la hora a un nivel extraordinario. Pero el enfoque siempre ha sido el mismo: dividimos la rotación de la Tierra y acordamos una nomenclatura para poder coordinar nuestras actividades alrededor del mundo.

Ahora somos capaces de describir, sin importar dónde o cuándo se esté, cuánto tiempo ha pasado.

Sin embargo, y sin menospreciar la importancia del horario sincronizado, simplemente estamos “contando”, “todos juntos”. No se guarda ni se registra nada, el tiempo simplemente pasa y sabemos a qué velocidad. De nada sirve “guardar” los segundos transcurridos. Solo estamos contando, y resulta que (no es una gran sorpresa), siempre estamos adelante “marcando hacia el futuro.” (…ticking into the future!)

“Tengo ritmo. ¿Quién podría pedir algo más?”

Bitcoin presenta un nuevo tipo de reloj, un sistema público e independiente, donde cada pulsación (llamada “bloque”) se produce aproximadamente cada 10 minutos. Bitcoin no mide el tiempo calculando la rotación de la tierra o el movimiento de los cuerpos celestes. Su latido es el resultado de una innovación tecnológica extraordinaria. El reloj Bitcoin es diferente de los relojes normales por 2 razones fundamentales. Una, la frecuencia del pulso está determinada por una competencia; y dos, cada latido contiene información.

Bitcoin es un software simple y elegante que ensambla bloques de datos cronológicamente. El protocolo fue concebido para que la red Bitcoin apruebe bloques a intervalos regulares (en promedio) y predecibles. Para lograr el objetivo de 10 minutos, el sistema tiene un mecanismo que ajusta la dificultad de un acertijo matemático aleatorio donde los participantes compiten por una recompensa. Es una competencia, no una convención preacordada.

Cuando el sistema encuentra más participantes o las computadoras se vuelven más poderosas, el rompecabezas se vuelve más difícil de resolver, por lo que lleva más tiempo. Cuando hay menos participantes, el rompecabezas se vuelve más fácil. El resultado es que los bloques tardan un promedio de 10 minutos en crearse (signed, sealed and delivered).

La segunda diferencia es que el latido del corazón de Bitcoin, todos y cada uno de los bloques, lleva información adjunta, a diferencia de los relojes tradicionales donde el tiempo transcurrido simplemente se va. Una vez que un bloque se registra en la blockchain de Bitcoin, es permanente junto con toda su información (principalmente sobre transacciones de Bitcoin, pero un bloque puede contener cualquier tipo de datos cifrados).

El software de Bitcoin garantiza que todos podamos estar de acuerdo, sin tener que verificar, qué hora es, qué latido (bloque) es, qué información es.

El software de Bitcoin no tiene dueño, ni cuerpo gobernante, ni junta directiva. Ningún grupo ejerce el control. Cualquiera puede usarlo sin pedir permiso. Cualquiera puede optar por participar y optar por no participar de forma independiente. Es la plataforma de datos más robusta y segura del mundo.

El punto es que saber con absoluta certeza lo que está sucediendo (sincronizado globalmente) es mucho más interesante que medir el tiempo transcurrido.

El tiempo es dinero y el mejor dinero es Bitcoin (Son las Bitcoin en punto)

Vivimos en un mundo transaccional. Las transacciones (valor e información) sincronizadas  son fundamentales para todas nuestras actividades: conectarse con los demás, intercambios seguros, confiables, resistentes a la censura o la voluntad de un tercero.

Sincronizar nuestros relojes nos permitió organizar actividades globalmente. Pero ahora, Bitcoin organiza mundialmente el dinero y el valor, desatando el siguiente nivel de logros para la humanidad. Es hora de que nuestra civilización adopte la sincronización del dinero y de la información a escala mundial.

La sincronización del dinero global significa que cualquier persona (independientemente de su ubicación, prestigio, acceso, creencias, etc.) puede usar dinero y servicios monetarios que están completamente separados de los gobiernos o corporaciones. El sistema siempre está encendido y no se puede apagar. El estado de una transacción (y la información “adjunta” a ella) se transmite, en tiempo real, a todo el mundo.Bitcoin es una fuerza monetaria, tanto una red de pagos como una reserva de valor. Las fuerzas del mercado están alineadas, gracias a un diseño preciso, de tal manera que permiten intercambios persona-a-persona a escala mundial sin un comité o entidad centralizada y sin terceros de confianza.

Bitcoin es un tour de force tecnológico que bombea bloque tras bloque tras bloque tras bloque tras bloque tras bloque tras bloque tras bloque tras bloque tras bloque tras bloque tras bloque tras bloque tras bloque tras bloque tras bloque tras bloque tras bloque tras bloque bloque tras bloque tras bloque tras bloque tras bloque tras bloque tras bloque tras bloque tras bloque tras bloque tras bloque tras bloque tras bloque tras bloque tras bloque tras bloque tras bloque tras bloque tras bloque tras bloque tras bloque tras bloque tras bloque tras bloque tras bloque tras bloque tras bloque tras bloque el alma de nuestras interacciones económicas.

Ninguna entidad individual puede dominarlo. Está regido por consenso. No hay puerta trasera o usuario con superpoderes. La red Bitcoin está distribuida (descentralizada) en todo el mundo. Bitcoin no puede ser coaccionado o cooptado. Está al servicio de la humanidad.

Creo que el mundo se transformará ahora que tenemos un latido del corazón global, autónomo, automático e incontrovertible que lleva transacciones y registros inalterables de nuestros acuerdos y actividades.

Bitcoin es el nuevo corazón del Internet. Nos pone a todos en igualdad de condiciones para el comercio global. Un latido transaccional irrevocable donde los intercambios no requieren liquidación final (settlement). Una máquina agnóstica universal, las proverbiales aceitadas ruedas del comercio, que bombea relaciones y valor. Esto es muy poderoso…

Me pregunto qué haremos ahora con este nuevo reloj transaccional imparable y preciso.

En la antigüedad, antes de que pudiéramos sincronizar nuestros relojes, nos dábamos cuenta que las cosas tenían una estructura interna —autoguiada— y un comportamiento ordenado, un ritmo.

Esas pulsaciones, cadencias, latidos, ciclos tenían significado y eran evidentes en las diferentes estaciones del año, funciones fisiológicas, ciclos de reproducción, mareas, en fin, las cosas realmente importantes. Esos latidos eran biológicos, orgánicos y fundamentales para la experiencia humana. No entenderlos podía ser la diferencia entre vivir y morir.

Comprenderlos nos dio pistas sobre el funcionamiento interno de las cosas. Ese comportamiento interno requería sincronización para asegurarnos la supervivencia y el crecimiento.

La información coordinada es la mejor definición de vida que se me ocurre. Un pulso rítmico denota acción, implica inteligencia y energía.

Bitcoin es la mejor definición de dinero sincronizado que se me ocurre. Una fuerza monetaria universal pulsante que empuja la transmisión del valor.

Latidos… la vida misma.

 

Rodrigo Benadon

Artículo original en inglés:
https://medium.com/@benadon/the-bitcoin-clock-96909b16d306

 

 

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